jueves, 6 de noviembre de 2008

¿Qué es la Opinión Publica?

Opinión pública y medios masivos de comunicación
¿Qué es la opinión pública? La pregunta fue formulada una y mil veces. Y si bien no existen por cierto, definiciones taxativas, hay sí aproximaciones interesantes hacia la naturaleza de un fenómeno tan fascinante como complejo. Para el académico español de la Universidad de Salamanca, Victor Sampedro, la opinión pública es "la opinión de la gente común que confiere poder". Es así, la gente confiere poder. ¿Existe entonces una subordinación de quienes poseen voluntad de poder, hacia aquellos que lo confieren? Dice Sampedro: "urnas, medios de comunicación y sondeos tienen importancia vital en las democracias porque afirman recoger la opinión y predisposiciones de la gente común, que son tenidas en cuenta (o deberían serlo) por los que ejercen el poder (o quieren ejercerlo) en público". "Tener en cuenta" el estado de la opinión pública es una cosa, y otra muy distinta es someter las decisiones de los poderes del Estado, al estado mismo de la opinión pública. Jürgen Habermas tiene una visión optimista de la cuestión, porque la opinión se instituye en el diálogo que sostienen los actores sociales, de tal manera que esa situación dialógica permite una deliberación constante, que es lo que constituye al fin y al cabo a las Democracias Deliberativas. Las objeciones tradicionales al pensamiento de Habermas le imputan no registrar que existen enormes porciones del "público", que no opina y que no lo hace, por ejemplo, por estar recluido, o mejor dicho excluido, naufragando en la pobreza y la indigencia. ¿Se puede opinar públicamente desde la indigencia? ¿Existen antenas para detectar lo que opinan los excluidos de la cosa pública? Son preguntas de ardua respuesta, pero, tal vez a favor de Habermas podría señalarse que los excluidos han sido y son marginados del trabajo y del salario, pero son muy tenidos en cuenta por quienes buscan votos, y que con esa intención primaria, detectan sus opiniones, la de los excluidos, y tratan de llegar hasta ellos, al menos retóricamente, o demagógicamente para enunciar lo que los humillados y ofendidos quieren escuchar. Llevando esa hipótesis al límite, podría considerarse a la opinión pública, como a un sistema de falacias recurrentes. Las falacias son errores lógicos, que no parecen tales. Entre las más comunes y estudiadas están las así denominadas Falacias de Composición y las Falacias de División. Un ejemplo de falacia de Composición: "Cada jugador del Real Madrid, es formidable, por lo tanto, el Real Madrid es un equipo formidable". No se infiere una cosa de la otra, aunque parece que podría inferirse. De hecho, los jugadores del Real Madrid son formidables pero el equipo es mediocre. La falacia de División es la antítesis. "El Real Madrid es un equipo formidable, y por lo tanto todos sus jugadores son formidables". Pueden existir grandes equipos conformados por jugadores mediocres, o al menos, por algunos jugadores mediocres, y si se quiere ser empírico, el fútbol abunda en esos ejemplos. Ese tipo de mecanismos de "inferencias" equívocas domina la opinión pública, y no sólo para calificar teams deportivos, sino gobiernos enteros, estrategias geopolíticas o económicas, para denostar personas o para exaltarlas, sin verdaderos y precisos fundamentos. La opinión pública, que confiere poder, opina sobre la economía, la Justicia, o sobre geopolítica, de manera inmediata, no analítica. El trabajo analítico, se opone a las generalizaciones a las falacias. Analizar es despiezar, es detenerse en los dilemas, es un camino metodológico que evita conclusiones absolutas Si la opinión es taxativa, el análisis es dubitativo. Sin embargo, la opinión es necesaria y, más aún, prioritaria. El análisis es profesionalista, no es realista pretender que sea público. El público opina y está en su naturaleza, y ese sentir es un termómetro o un barómetro sociológicamente esencial. Pero hay un paso subsiguiente a la opinión y es la interpretación. Si la interpretación que se realiza de los dictámenes de la opinión pública es simplista, concesivo y facilista, entonces sí, todo puede sucumbir bajo el erróneo imperio de los prejuicios, y del autoritarismo.

http://www.clarin.com/diario/2005/05/17/conexiones/t-977736.htm
La influencia de los medios de comunicación y de la opinión publica en la política internacional

Dado que los medios de comunicación contribuyen a formar opinión pública y a su vez, recogen sus puntos de vista, resulta pertinente intentar conceptualizarla y explicar porqué ella puede y tiene importancia en el proceso de toma de decisiones en política internacional. Con frecuencia, se tiende a confundir la opinión pública con la opinión las encuestas ( la de la mayoría), con la publicada (la expresada) o con el consenso, todo aquello que Allport denomina "las falacias" de la opinión pública. Para vislumbrar la importancia que ella tiene hoy día, debemos remitirnos a un concepto que despeje estos mitos o apariencias de opinión pública.
Así como los temas de la Política Internacional son más complejos, ellos interactúan e incluso tiene repercusiones no solamente en el espacio donde ocurren. En igual forma, traspasan las fronteras y los actores que intervienen en ella, se han ampliado. Ya no se trata de temas o problemas que cada Estado resuelva por si solo. En la actualidad, además las empresas globales, presionan e influyen las Organizaciones no Gubernamentales, la Iglesia, las FFAA, los medios de comunicación y la Opinión Pública. En la Era de la Información y de la globalización, no existe acontecimiento político que pueda sustraerse al fenómeno de la Opinión Pública, que en parte recibe influencia de los MCS y canaliza sus inquietudes a través de ellos, al menos en los regímenes auténticamente democráticos. Tampoco hay régimen político que pueda aislar a su población de la influencia de los medios de comunicación; es más, si un acontecimiento político no es recogido por los medios nacionales o internacionales, prácticamente se puede afirmar que éste no ha sucedido.
Para los temas de Política Internacional existen dos tipos de públicos: la elite que se interesa por ellos para estar mejor informados y poder adoptar mejores decisiones; y aquél público común y corriente que también está atento a los sucesos internacionales porque les interesa, pero que como veremos, por el tratamiento que se hace de la noticia internacional a veces no está suficientemente informado o la información es fragmentada, a pedazos, sin mayor interpretación y menos análisis o seguimiento de la noticia; como consecuencia de ello, este público (que forma parte de la opinión pública) no se interesa por conocer más en profundidad los temas, son susceptibles a la persuasión, a la desinformación y a veces a la manipulación, se guían por estereotipos o prejuicios, opinando y a veces creando su propia agenda (que puede o no coincidir con el interés general) y que a veces se cruza con la de los medios de comunicación o la de grupos activos. A modo de ejemplo, el tema de la incursión de EEUU en Irak, desató un sentimiento anti norteamericano, al margen, si esta opinión pública entendía a fondo el significado de este hecho para EEUU, o cuánta información tenía, en una posición basada en factores emocionales y sicológicos más que racionales. Ello ocurre naturalmente cuando de guerra se trata; en tanto internamente, los estadounidenses reelegían a Bush para un segundo mandato, por el temor al terrorismo o más bien, obedeciendo a una necesidad de mayor seguridad, leiv motiv de la segunda campaña del presidente de EEUU. A la opinión pública de EEUU poco le importó en ese momento que no se hubiesen encontrado armas químicas en Irak o los altos costos de la incursión o invasión norteamericana.
Si bien la opinión pública internacional tiene sus limitaciones, puede de todas formas influir en imágenes, en el proceso de toma de decisiones y en la agenda internacional.
Lo cierto es que hoy por hoy, ningún gobierno puede adoptar decisiones internas o de política externa sin contar con el apoyo de la opinión pública que hemos denominado internacional, porque se interesa en estos temas, no obstante son los gobiernos los que adoptan políticas y cursos de acción. Tanto la opinión pública como los gobiernos se nutren de información, ideas y de la agenda de los Medios de Comunicación, los que son solamente instrumentos que pueden reforzar procesos o ayudar a destruirlos.
Los medios informan, aunque no lo hacen pasivamente. La prensa norteamericana, cuyos noticiarios son vistos por la televisión de todo el mundo (ahora por el cable) y cuyos periodistas son citados, han creado un sistema de comunicaciones interconectado e integrado que a veces puede influir en el curso de los acontecimientos internacionales. Simon Saferty menciona como ejemplo el derrocamiento del ex presidente Marcos en Filipinas, crisis que el gobierno de Reagan había subestimado; los medios alertaron, plasmaron y aceleraron la reacción política en ese país, esto es, pusieron el tema en la agenda y le otorgaron atributos, no obstante Marcos había usado la prensa como foro a su favor. Pero ella terminó tomando partido, proclamándose como la defensora de la democracia y favoreciendo la caída de Marcos. La prensa dejó de ser neutral para adentrarse en lo que Bernard Cohen denomina periodismo "participativo" en donde el periodista o el medio se transforma en un "actor" del proceso.
Hay otros medios de comunicación que investigan, "destapan" o reciben información desde el sistema político, como por ejemplo, actos de corrupción, escándalos, tráfico de influencias, narcotráfico, etc. Lo cierto es que la agenda de los medios, la de los políticos y la de la opinión pública a veces se entrecruzan y se influyen entre sí al punto a veces de confundirse. Si el sistema medial está de algún modo "constreñido" o se siente "autocensurado" (puede ser incluso por razones de subsistencia económica), ocurrirá con mayor frecuencia de la esperada, la denominada "tematización" de Luhmann. Este autor sostiene que es el sistema político el que impone su agenda a los medios de comunicación.
Los Medios de Comunicación son utilizados también para enviar mensajes entre los gobiernos o trascendidos, particularmente cuando se trata de probar políticas y ver cómo reacciona la opinión pública frente a ellas. En 1978, la marina de Argentina utilizaba un periódico de Bahía Blanca para expresar sus intenciones belicosas y hacer amenazas a Chile si no ganaban las islas del Beagle en disputa. En la actualidad, el presidente Bush envía reiteradamente recados por la prensa a Corea del Norte para que desmantele su programa nuclear con advertencias de suspensión de ayuda económica, habiendo quedado en status quo la denominada "Sunshine Policy", tras la inclusión de Corea del Norte en el denominado "Eje del Mal", formulado por el presidente norteamericano, después del atentado terrorista a las Torres Gemelas (2001).
Lo cierto es que en las democracias modernas, los medios de comunicación desarrollan una función crucial, como por ejemplo, ser parte del proceso de comunicación con y entre las elites políticas.
Los medios de comunicación ayudan además a crear y difundir mitos, tales como el Che Guevara, Marilyn Monroe, James Dean, John F. Kennedy, Billl Clinton, Margareth Thatcher, Mao Zedong. Todas ellas han quedado en la mente de las personas como realidades que sirven de guía para la praxis. Los mitos, las imágenes, las motivaciones, las conductas colectivas, los modos de ser, las idiosincrasias o las personalidades sociales-míticas o no tanto- son elementos que dicen relación con la dimensión comunicacional, que los MCS a menudos canalizan y que interesan en el plano de la decisión política.
Hay medios que reflejan sus propios intereses, dependiendo de su propiedad, que puede ser estatal, partidista comercial. Y de esta forma, refuerzan a sus públicos. Esto es así, si aceptamos la teoría de la exposición selectiva, mediante la cual, cada persona se expone al medio que coincide con sus preferencias o puntos de vista. En este caso, el papel de los medios de comunicación es reforzar opiniones y actitudes de sus respectivos públicos.
La televisión es un tema aparte, ya que por su naturaleza y estructura, no puede profundizar en temas internacionales; ella despierta el interés de la gente sobre determinados temas que se centran en lo actual, lo sensacionalista, lo emocional (terremotos, caída de gobiernos, "pedazos" de guerras), inevitablemente descuidando el contexto y los antecedentes de los procesos en un tiempo que debe ser muy rápido. Pero con ello, puede revertir o fomentar apoyos a políticas de los gobiernos. Ahí es donde muchas veces cunde el rumor y las verdades a medias (desinformación), lo que debe combatirse con más información
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Verónica Neghme Echeverría
Directora Centro de Documentación
Diferentes enfoques de la O.P.
Sin embargo, si examinamos las distintas discusiones sobre este problema, hallamos dos tipos de enfoques. Uno considera a la opinión pública como algo estático, como un compuesto de creencias y puntos de vista, un corte transversal de las opiniones de un público, las cuales, por otra parte, no necesariamente concuerdan entre sí en forma com­pleta. El otro enfoque toma en cuenta el proceso de formación de la opinión pública; su interés se con­centra en el crecimiento interactivo de la opinión, entre los miembros de un público. Era éste el modo en que C. H. Cooley entendía el problema cuando escribía: "La opinión pública... debe ser conside­rada como un proceso orgánico, y no meramente como un estado de acuerdo acerca de alguna cuestión actual".
El hecho de que la opinión pública no implique necesariamente un acuerdo completo, permite distinguirla de las costumbres. La opinión pública aparece cuando las costumbres y los sentimientos que las sus­tentan son puestos en cuestión, o cuando surge algún conflicto acerca de un valor. Las costumbres y otros códigos aceptados -leyes y reglas- sólo operan con éxito cuando son sustentados por el sentimiento pú­blico o lo que E. A. Ross ha llamado la opinión pre­ponderante. La monogamia, por ejemplo, se encuentra bien establecida en nuestras leyes y nuestro código moral y por lo tanto no es un tema de discusión ni opinión pública. Pero la prohibición legal del tráfico de licores, la necesidad de seguridad social, y la gue­rra y la paz, son problemas actuales que caen dentro del campo de la opinión pública.


http://www.nombrefalso.com.ar/index.php?pag=78

Como conclusión se puede decir entonces que los medios de comunicación no fijan políticas, pero sí influyen en ellas, formando, desinformando opinión pública, poniendo agendas, canalizando otras (la ciudadana, la política)
Tambien en ciertos casos como podrán ver en los siguientes videos nos manipulan a nosotros a través de los distinto medios masivos como la TV e Internet




7 comentarios:

tomas dijo...

Hola Luiggi,
el trabajo esta muy bueno, pero lo mejor fueron los videos. Me ayudaron a entender mejor lo que es la Opinion Publica.
suerte

tomas dijo...

Hola Luiggi, gracias por pasar po mi blog, te explico, la opinion publica se realiza para modificar el modo de pensamiento de la poblacion en general. Mientras que la opinion publicada se dirige solo a un grupo social. Espero que ahora lo entiendas mejor.
Suerte

ERNESTITO dijo...

Hola Luiggi:
Excelente trabajo, bastante y muy buena informacion, te felicito, esta muy bien realizado nos vemos.

anaenopinion dijo...

la opinion publica es: la opinión de la gente común que confiere poder".
me gusto esa parte del articulo
un beso.

Isa dijo...

Hola Luiggi, lei tu trabajo pero no pude ver los videos. Me parecio muy completo tu trabajo, esta muy bueno. ¿Podrias decirme como se llama el programa que debo bajar para poder ver los videos? No me acuerdo como se llamaba, jaj. Besos y gracias, Isa.

Rete dijo...

che el trabajo es excelente. estan

buenisimos los videos y muy

interesantes. te felicito!


Rete oO

Profe Diana dijo...

Excelente selección de materiales.
Además, sigo destacando el giro que diste en cuanto a la respuesta de estudios.
Creo que me ha impresionado tanto y para bien, que si hay fallas o tardanzas pasan casi desapercibidas.
:)